Un cartel, un slogan y un valor

Un cartel, un slogan y un valor

LA ACOGIDA

Comenzamos un nuevo curso y esa novedad siempre inspira ilusión, esperanza, posibilidad de cambio, de poner en marcha proyectos, de caminar llevando en la mochila lo aprendido. Llevamos casi dos cursos y medio viviendo situaciones que nos parecían inimaginables, pero que han sido y, en momentos siguen siendo dramáticamente reales. Hemos aprendido a adaptarnos para cuidarnos, para que todo siguiera dentro de una “normalidad” que posibilitara el bienestar, en todos los sentidos, de nuestras comunidades educativas, familias y amigos.

Al igual que ocurrió con la pandemia, en la que nuestro primer mundo reaccionó cuando llegó hasta él, desde febrero estamos siendo testigos de la inmoralidad de otra guerra desde muy cerca. En toda guerra lo que aparece en ruinas es “el mismo proyecto de fraternidad, inscrito en la vocación de la familia humana”, por lo que cualquier situación de amenaza alimenta la desconfianza y el repliegue “No hay peor alienación que experimentar que no se tienen raíces, que no se pertenece a nadie. Una tierra será fecunda, un pueblo dará fruto, y podrá engendrar el día de mañana sólo en la medida que genere relaciones de pertenencia entre sus miembros, que cree lazos de integración entre las generaciones y las distintas comunidades que la conforman; y también en la medida que rompa los círculos que aturden los sentidos alejándonos cada vez más lo unos de los otros”. (Fratelli tutti).

El objetivo nº3 de nuestro plan estratégico es “Formar personas del siglo XXI capaces de vivir en la sociedad y para la sociedad” y para ello nos hemos propuesto “Potenciar el paradigma del cuidado en nuestros centros”. Solo siendo escuelas samaritanas capaces de ver el sufrimiento y cambiar nuestro camino para cuidar el del apaleado estaremos en camino para que de nuestras aulas salgan los que transformen la sociedad de este siglo en una sociedad abierta, fraterna, que esté al servicio de la vida, acogedora, que no deje a nadie en los márgenes y sea capaz de reconocer a cada uno como persona única e irrepetible.

Es vital seguir enraizados en el árbol de la fraternidad del que salen las ramas que nos permiten ir construyendo nidos donde habitar en el encuentro, la atención al caído, la acogida, la humildad, el servicio, la entrega y desde donde trabajar y vivir por la dignidad del hermano.

 

Este curso vamos a seguir trabajando el valor de la fraternidad desde la acogida. Acoger de corazón supone reconocer al otro el derecho de ser él mismo y ser diferente, nos permite descubrir la riqueza de cada uno, valorar lo que nos une y tomar la diferencia como oportunidad de crecimiento, aprendizaje y enriquecimiento.

 

La acogida es entrega generosa y gratuidad, hacer espacio para que entre el otro. Es estar atento, cambiar la mirada para que nadie se quede al margen. La acogida sin condiciones precisa de valentía, cuando te abres al otro no sabes lo que va a pasar, no sabes cómo llega, se necesita de creatividad y autoconocimiento para acoger “su propia mochila”. Es luchar contra la cultura del descarte, no se trata de si me sirve a mí, sino de servir nosotros. La acogida precisa de flexibilidad y escucha, de aceptar que no siempre tenemos la razón, que otros caminos son posibles. Una palabra amable que invita a entrar, un gesto de cariño sincero que humaniza y dignifica, una sonrisa que abre puertas nos convierte en instrumentos de paz.

Hacer de nuestros colegios, de nuestras comunidades, de nosotros mismos lugares de acogida, donde cada uno de nuestros alumnos, profesores y familias se sienta querido, cuidado, que se le pone en el centro de nuestro quehacer diario, que se puede ser uno mismo con los demás será lo que centre nuestro trabajo. Que nuestras manos, corazón y cabeza sean reflejo de la acogida amorosa del Padre será nuestro reto. El eco que todavía resuena en nosotros entorno a la apertura al encuentro, a dejarnos sorprender por el otro, a no cerrar puertas, a trabajar juntos y compartir, enlaza con nuestro propósito de este curso de acoger lo que nos ofrece el descubrimiento que hacemos del hermano y hacer de esa acogida un aprendizaje de vida compartida.

 

SLOGAN: “EN ARMONÍA, LA CLAVE ESTÁ EN TI”

En armonía:

La primera parte del eslogan hace referencia al querer vivir haciendo de la paz, la concordia y el entendimiento la forma de tratarnos y relacionarnos.

 

La clave está en ti:

La segunda parte del eslogan incide en la responsabilidad de cada uno y nos recuerda que acoger, cuidar, servir son decisiones personales. Nos dice que podemos ser la clave, tener la llave para abrir puertas, corazones y mentes que posibiliten esa vida en armonía con uno mismo, con los demás y con la naturaleza.

CARTEL

En el cartel vemos tres niños/as sosteniendo una cuerda con varios carteles para representar esa responsabilidad individual, esa necesidad de ponernos en marcha, de ser parte fundamental en el sostenimiento del proyecto de hacer de este mundo un mundo más fraterno. Todos están en actitud de acción y colaboración, pero las distintas posiciones en el cartel nos recuerdan que no todos tenemos que hacer lo mismo, que hay muchas cosas que están por hacer y que cada uno encuentra su lugar para desarrollarse y dar lo mejor de él o de ella.

 

En la cuerda están colgados varios símbolos:

Un corazón, nos recuerda la importancia de vivir en clave de amor desinteresado que se pone al servicio, que no sabe de diferencias, capaz de armonizar su latido al del hermano.

Una Tau, símbolo de nuestra identidad franciscana y que nos marca el camino de la sencillez, la humildad, el cuidado, el servicio y la alegría que debemos tomar para crear esa armonía que nos lleve a relaciones acogedoras. También la encontramos sustituyendo a la T de Ti, porque entendemos que solo interiorizando y viviendo los valores que representa seremos capaces de dar verdadero sentido a lo que hacemos.

El planeta Tierra, el lugar de nuestra acción, nuestra casa común, nuestros desvelos por cuidar de todo y todos los que habitan en ella. El  regalo que nos fue dado, que no es nuestro y que debemos cuidar para los que vendrán detrás de nosotros.

El logo de la Fundación es un puzzle en el que todas las piezas son necesarias para que tenga sentido. Depende de cada uno que el puzzle esté completo, solo una pieza que falte ya no es lo mismo. Cada pieza tiene su espacio, ninguna otra puede llenarlo. Cada pieza tiene su forma, su estilo, su color, su tamaño, pero solo unida al resto de piezas tiene sentido.

 

Entre los niños vemos un pentagrama que los rodea y une y que nos ayudará a trabajar toda la parte de la armonía. El pentagrama también está en color, para resaltar su importancia y pueda ser el hilo conductor para trabajar, a través de los símbolos musicales, los valores que nos lleven a la verdadera acogida de la fraternidad.

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HARMONIAN
ZUGAN DA GILTZA

Solo llegando al corazón hacemos verdadera educación

Carolina Baron